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Si te quedas conmigo aquí,

verás que mi palabra viste de rojo carmesí...

domingo, octubre 28, 2007

Se pronuncia Llan Pol Gotiég (post hipermegalargo de la muette)

Qué asobinamiento. Hoy he llegado a un nivel de empane monumental. Y cuando llego a esos niveles no proceso información.
No sé si le he dicho a mi compañera si salí ayer o si estaba cansada. Me ha preguntado algo referente a mi cara de sueño y yo le he dicho que sí. Tampoco me importa mucho que piense que he salido, que he dormido o que me he pasado la noche haciendo malabares con mandarinas.
Cuando tengo tanto sueño tampoco entiendo nada que no sea castellano. Es más o menos como aquella vez que me bebí dos cervezas raras en Barcelona y la gente era “extranjera” porque hablaban en “nosequé idioma”.
Pues lo mismo me ha pasado en el Metro. Enfrente iba una pareja hablando raro, y no era capaz de saber en qué lengua hablaban. Sólo oía un susurro multítono (supongo que se dirá así lo contrario de monótono) saliendo de sus bocas.
Y si hay algo que me moleste más que no entender a la gente es no saber ni en qué idioma hablan.
Lo mismo me pasa en la tienda.
Chicos, no os molestéis en pronunciar las marcas con acento francés, aparte de que es muy poco masculino, no me voy a enterar de nada.

He descubierto una colonia de Yves Saint-Laurent que se llama Rive-Gauche. Como la parada que me volví loca buscando en Versalles. ¬¬
Tengo un compañero gay que me llama cielo y me encanta (ayer conocí a su versión en guapo y hetero, es decir a su gemelo ^^). El resto de mis compañeras también me llaman cielo, pero no molan tanto, entre otras cosas porque se lo dicen a todas (y me pongo celosa xD). No sé si te enseñan a decir esas cosas en algún curso de formación para entrar a currar ahí, pero yo nunca he llamado cielo a una clienta, ni lo haría nunca, y menos cuando me doblan la edad.
Ayer descubrí un BBIGG (o como se escriba) al lado del curro, pero tengo demasiado poco dinero y cuesta demasiado caro como para pasar allí el tiempo de las comidas, y eso me jode más aún que si no estuviera ahí.
Tengo otra compañera que me está dando unas clases magistrales en productos de cosmética. Hay cosas que ni siquiera sabía que existían, como el flush ese que es como agua, que te lo echas en la cara cuando notas la piel seca y te la hidrata. Y también que hay perfumes de día, perfumes de noche, perfumes de verano y perfumes de invierno. Y he descubierto que el Deep Reed no es el único que me gusta, también está el de “Love in Paris” de Nina Ricci, “Ultraviolet” de Paco Rabanne y uno de Prada del cual no sé el nombre. Aunque aún no sé cuál es la diferencia entre “Eau de toilette” y “Eau de parfum”.
Jose quiere a Tamara (o eso pone en la oficina) y yo quiero a Isaac, lástima que él a mí no y que pase completamente de mí (sí, esto es un barracry, pero no pega mucho en wow-esp).
Aún falta una hora para entrar en el curro, así que voy a resumir un poco el viaje a París.


OH, LALA

Después de toda la noche sin dormir, me voy pitando para el aeropuerto. Una vez allí me esperaban dos horas de aburrimiento profundo. Nada más entrar en la zona de embarque (creo que se dice así) hice lo que me dijo mi hamijo el elfo calvorota: irme de tiendas.
En la tienda de “tenemos de todo” sólo había tabaco, perfumes y alcojol de casi todo tipo y un poco del resto de cosas.
Pensé en comprar algo que no hubiera en Francia y que echasen de menos, pero no encontré cerveza y el chorizo, jamón y cosas “tipical spanish” estaban por las nubes, así que, o me iba sin comprar o les llevaba el imán torito con la bandera y el SPAIN. Decidí comprar una botella de agua para el viaje.
Me pasé prácticamente todo el vuelo dormida, sólo me despertaron para darme comida que no me comí y para decir que faltaban 5 minutos para aterrizar.

Una vez dn Francia, ví el Louvre, la Notre-Damme y la torre Eiffel, entre otras cosas. Por la noche, a Versalles.
Después de cerca de media hora esperando congeladita de frío en la estación de autobuses porque no encontraba el bus que iba donde me dijeron, conseguí ir a Versalles.
En mitad de la nada y con las calles oscuras y vacías, el misterioso Marc me iba guiando hacia el Hôtel de Ville.
Allí quedé esperando hasta que un rubio muy mono (y con cara de decir “yo juego al guou”) se me presenta). No era Marcelo, pero qué más da.
El chico me pareció muy majo hasta el momento “M”:
- ¿Tú eres a la que rusheamos ZF, no?
- Ummm... así que tú eres el que se pasó todo el rato llamándome vaga, eh?
- Cuánto tarda este Marc...
Y la situación quedó tal que así:


Después me invitó a cenar y olvidamos nuestras diferencias.
Terminada la cena, volví al piso y... ahí doy por terminada la retransmisión de ese día.

*A partir de aquí contaré las cosas sin un orden cronológico (y sin lógica alguna, aunque a eso ya te tengo acostumbrado, querido blog).*

La primera vez que salí sola a la calle me acojoné. Sí, sí, en serio.
Ver a un especimen autóctono de la zona explicándote gestualmente los gustos sexuales del francés medio con claras intenciones de apareamiento y tras pedirte una “cita” con tu compañero de piso después de decirle que eres totalmente lesbiana, como mínimo, te revuelve el estómago.
En los días siguientes, el resto de franceses, italianos y demás seres de género másculino que intentaron ligar, tuvieron el detalle, al menos, de ser más sutiles.

He conocido a mucho friki español en mi viaje. Todos ellos majísimos (aunque alguno me dé miedito). Prolongué mi viaje una semana para poder ir a la fiesta que habían organizado, y pocas veces me he alegrado tanto de haber hecho algo.

Pude descubrir en casa de Vicky (con lo chiquitina que eres, qué grande) y Miguel que en Francia había tarrinas de helado de menta con chocolate (que me apasionan), que Hernán se sabía la BSO de las pelis de Disney, que, tal como me dijeron, Peter tiene pinta de querubín (aunque, IMO, de querubín perverso), que el 43 con leche está muy rico, pero no hay que mezclarlo con Jack Daniels, o acabarás haciendo apuestas raras con el más caótico de los asistentes (cosa que no conviene si eres una fémina), que Pablo, aunque sea de Oviedo >.<, hace una fabada riquísima y que Íñigo es un tío de puta madre.

Las cosas malas de Francia son que está lleno de franceses (mención especial al pesado del vecino), que éstos hablan francés, que está todo carísimo, que es imposible encontrar pan rallado y tomate frito, que no tienen Cola-Cao, que hay que tener mucho cuidado al elegir la leche y que cuando vuelves a España ya no es igual. :/

El viaje de vuelta... nada especial, que estaba cansada, triste, cabreada, que el aeropuerto de Beauvais es una mierda, que te tratan como si fueras parte de un rebaño, que los asientos del avión no se pueden reclinar y que no apagaban las luces para que pudiera dormir. Lo único que me gustó fue que todos eran azafatos (aunque uno me pareció la versión maligna de Chronos).

Por lo demás... quiero volver.

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