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Si te quedas conmigo aquí,

verás que mi palabra viste de rojo carmesí...

miércoles, mayo 07, 2008

No encuentro otra explicación...



Aún recuerdo a Mario.
Han pasado bastantes años, han pasado muchas cosas y muchas personas, pero cuando me da por pensar en la ternura e inocencia, siempre me acuerdo de Mario.
Fue breve, como las mejores cosas, como deben ser los amores adolescentes.
Esos años en los que era primavera hasta en septiembre, en los que te sobra todo menos esa persona, en los que lo único que necesitas para ser feliz es estar abrazada a él, hablando de tonterías. Esos años en los que un beso es el mundo...

Me acuerdo de ese primer día, que sin conocernos, estuvimos pegados desde la mañana hasta la noche. Del segundo día, que pese a ser meses después del primero, aún se mantenía esa extraña conexión.
Las canciones, las moñerías, los detalles... esa época en el que el mayor de los problemas era sentir esos inocentes celos cuando se iba a entrenar y no podía estar con él.
Apenas recuerdo su cara, casi se me ha olvidado su mirada, pero lo que nunca olvidaré son sus manos.
Comparadas con las mías eran enormes, y a mí me encantaban. Cuando me abrazaba, me abarcaba casi toda la espalda y eso me reconfortaba. Me perdía en sus manos, eran las mejores manos del mundo.
Pero sobre todo, ante todas las cosas del mundo, lo que mejor recuerdo fue aquel momento, en esa plaza donde poco antes de vernos con el resto de la gente, nervioso y tembloroso, me dio la mano por primera vez. Por aquel entonces, ese fue el momento más feliz de mi vida.

A veces me pregunto qué habrá sido de él, y si alguna vez se acordará de mí... nunca lo sabré.





Incluso... a día de hoy, creo que puedo decir que fue el momento más feliz de mi vida.


Cada vez que toco un poco fondo,
Cada vez que el tiempo vuela,
Un recuerdo (mas que) pasajero...
Andrés Calamaro, Dulce condena.

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